Por qué ir a Lujan?

Los Peregrinos...

Los millones de peregrinos que van año a año a Luján no “van por ir”, como se dice, sino con una conciencia, unas veces más clara y otras más oscura, de que este sitio representa algo especial para la fe cristiana, para la Iglesia Católica y para el pueblo argentino. Todo el contexto de Luján habla de una de las raíces de nuestro pueblo. Por eso “ir a Luján” es una expresión común entre los argentinos, indicando que hay un deber que cumplir y que no éste puede ser dejado de lado.

Toda visita a Luján incluye de forma explícita o implícita una cierta visión acerca de Cristo, la Iglesia y el hombre. Se venera una imagen de María, pero se obtiene una visión de conjunto, porque María “no es el centro” de la fe pero “está en el centro”, que es Cristo, el único Mediador. Con María se entra en un fragmento de la Iglesia pero se sale con una conciencia de totalidad, porque ella su misterio está íntimamente ligado a Cristo, la Iglesia y el hombre.
Quienes día a día llegan a Luján son llamados peregrinos. Hay distintos tipos de peregrinaciones, las que se pueden categorizar de modo diferentes. Siguiendo a Zimmer, pueden ser peregrinaciones “espontáneas”, que incluyen a peregrinos que se acercan a visitar el Santuario de forma personal, familiar o grupal, sin una convocatoria oficial o institucional; o pueden ser “organizadas” por distintas asociaciones religiosas o civiles y, particularmente, por comunidades católicas. Dentro de estas últimas se encuentran las peregrinaciones diocesanas, que conforman un calendario que se extiende durante todo el año, y otras organizadas por instituciones particulares, como la Asociación de Peregrinos a Pie a Luján o las Sociedades tradicionalistas. En las últimas décadas han crecido las peregrinaciones organizadas que reúnen a distintos tipos de miembros del Pueblo de Dios como los enfermos y discapacitados, los “villeros” o habitantes de las villas de emergencia.

Desde el Milagro de la Carreta siempre hubo peregrinaciones espontáneas, ininterrumpidamente, siendo la más numerosa e importante la que se realiza cada 8 de diciembre, todos los años.
En cuanto a las peregrinaciones “oficiales”, se registra la primera peregrinación organizada por la Arquidiócesis de Buenos Aires el 3 de Diciembre de 1871. Actualmente se destacan, la de la Sociedad de peregrinos a pie, que ya cumplió 100 años; la de las asociaciones folklóricas de gauchos a caballo, desde 1945, y nuestra peregrinación juvenil, desde 1975.

El Santuario de Luján otorga la oportunidad de celebrar “tiempos de gracias” particulares, o “jubileos permanentes”, que son una expresión visible de una Presencia misteriosa que acompaña el caminar de los argentinos. La expectativa es “descubrir” y “describir” los valores que encierran las peregrinaciones y que hacen de ellas experiencias que seducen y fascinan de tal modo que impulsan a los peregrinos a realizarla al menos una vez y suscitan el deseo de volver a repetirla.

Actualmente el santuario recibe más de seis millones de peregrinos por año. El Padre Jorge Torres Carbonell, actual Rector, sostiene que los fieles “vienen a la Basílica a pedirle a la Virgen la gracia de la vida, de no caerse, de que la bronca no borre la esperanza ni la paciencia”.
En Luján ocupan un lugar especial el sacramento del bautismo y los sacramentales. Su celebración expresa la alegría maternal de la Iglesia que crece con nuevos hijos e hijas y debe suscitar el anhelo de que ellos puedan injertarse activamente en sus comunidades eclesiales de origen. Desde 1730 hay una conciencia profunda de que Luján es el lugar especial del Bautismo y de que hay que llevar a los hijos para que sean bautizados allí, como sucedió con millones de cristianos.

Existe también un sentimiento popular, más o menos extendido, de que una visita a Luján, para ser completa, requiere confesar los pecados, escuchar la voz de la Iglesia, acercarse a la Eucaristía y dar gracias por la intercesión de María. El santuario es un lugar especial de gracia y misericordia, en el que se pide y reciben la bendición de Dios y de la Virgen. Ante la imagen de la Madre, especialmente en un momento de oración silenciosa en el camarín, se despiertan las plegarias más profundas que brotan del dolor y el amor, de la angustia y la esperanza, siempre de la fe.

Por estas y muchas otras razones, “ir a Luján es un deber”, que nace del corazón creyente y religioso de nuestro pueblo. Muchos jóvenes así lo han ido entendiendo y viviendo desde 1975. Al explicar la razón de la convocatoria a la primera peregrinación juvenil, bajo el lema “La juventud peregrina a Luján por la Patria”, se dijo que los jóvenes cristianos somos parte de la Iglesia, el Pueblo de Dios en marcha, que unido en Cristo peregrina al Padre impulsado por el soplo del Espíritu. Esa primera “hoja de contenido” preparatoria a la peregrinación, ayudaba a los jóvenes a sentirse parte del pueblo que venera la Virgen y peregrina a Luján. En un contexto histórico muy difícil de la Argentina y para iniciar una etapa de renovación en pleno Año Santo universal, decía:
“Porque queremos realmente que María sea la que guíe con su ejemplo esta nueva etapa que hemos comenzado, vamos a ir a venerarla a Luján y a pedirle como parte de ese pueblo del que es madre...”.
Los documentos sobre los orígenes de la peregrinación, que transcribimos en próximos anexos, testimonian su espíritu mariano y guardan la respuesta dada a esa pregunta: ¿Por qué ir a Luján?


Fuente:
del Libro SEGUIMOS CAMINANDO - la Peregrinacion Juvenil a Pie a Lujan
de Carlos María Galli - Graciela Dotro - Marcelo Mitchell
Editorial Guadalupe

 
 

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